ENVER HOXHA Y LA ALBANIA COMUNISTA

Albania es un pequeño país de Europa del Este, con una superficie de 28.748 km2 y una población que no llega a los 3 millones de habitantes. Su capital es Tirana, que concentra unos 494.000 habitantes hoy en día. El país en sí limita con Grecia, Macedonia del Norte, Montenegro y el territorio reclamado de Kosovo.

Albania tiene un pasado dictatorial, aislacionista y empobrecido, hasta tal punto que llegó a estar entre los países más atrasados a nivel socioeconómico del mundo para 1986. Ese período de su historia se ubica entre 1944 y 1991, año de la disolución oficial de la Unión Soviética, siendo el país gobernado por Enver Hoxha. Bajo el régimen de este hombre, Albania constituyó un caso único en la Europa soviética, pues se alejó rápidamente de Moscú para iniciar su propia vía de gobierno.

Por esta y otras razones, los historiadores coinciden en una cosa: que Albania fue, durante toda la Guerra Fría, el único y auténtico estado socialista existente en todo el mundo. Durante el período de gobierno de Hoxha, el único partido político existente fue el Partido del Trabajo de Albania, disuelto tras el colapso de la URSS.

Enver Halil Hoxha nació en una ciudad del sur de Albania llamada Gjirokastra, el 16 de octubre de 1908. En ese entonces, Albania formaba parte del Imperio Otomano. Nació en el seno de una familia musulmana dedicada al textil, una de las más respetadas de la ciudad. Se introdujo en asuntos políticos con 17 años, durante su estadía en el Liceo de Tirana, afiliándose al Partido Nacionalista de Albania, el cual era enemigo declarado del nuevo régimen instaurado, una monarquía.

Las juventudes del PNA organizaron jornadas de huelga y protestas contra el rey Zog I, recién establecido monarca del pequeño país balcánico. Hoxha completó sus estudios de Ciencias Naturales gracias a una beca en Montpellier, allá por 1930. Durante su breve estadía en Francia, comenzó a leer los escritos de Marx relacionados con el comunismo, los cuales influyeron en su pensamiento posterior.

La nueva década de 1930 trajo nuevos retos y oportunidades para Enver. Comenzó a participar en actos del Partido Comunista Francés, compaginando sus apariciones con su cargo en La Sorbona. Fue despedido tras saberse de su militancia en el movimiento comunista, por lo que regresó a su país natal, trabajando como profesor en el Liceo Nacional de Korçë. En 1936, se unió como voluntario a las Brigadas Internacionales, llegando a estar en suelo español en el marco de la Guerra Civil.

En enero de 1939, el régimen fascista de Mussolini invadió Albania, destronando al rey Leka I y estableciendo un gobierno títere. Hoxha volvió a su país para organizar una resistencia al nuevo régimen, fundando en el proceso el Partido Comunista de Albania (PKSH), embrión del Partido del Trabajo de Albania. Contaron con el apoyo de los partisanos de Josip Broz Tito, líder comunista de Yugoslavia, con quien forjó inicialmente una buena relación.

A lo largo de los siguientes 3 años (de 1941 a 1944), los partisanos albano-yugoslavos fueron avanzando y lograron derrocar al gobierno títere de Mussolini, que acababa de ser derrotado por los Aliados en Italia y formado la breve República Social Italiana. La alianza albano-yugoslava derrotó a los italianos en Tirana, formando el Consejo Antifascista Provisional y creando la policía secreta Sigurimi, símbolo futuro de la represión hoxhaísta. El 22 de octubre de 1944, se forma la República Socialista Popular de Albania, con Enver Hoxha presidente del Consejo de Ministros.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y el establecimiento del nuevo régimen, toda oposición al comunismo en Albania fue perseguida, exiliada e incluso condenada a muerte. A la familia real de Leka I se la prohibió regresar al país bajo amenaza de ejecución inmediata. Se instituyó el “ateísmo de Estado” a pesar de que el 90% de la población albanesa profesaba el islam. Las empresas extranjeras fueron expropiadas y se estableció un modelo económico idéntico al del estalinismo soviético.

Entrados los años 50, nuevos cambios geopolíticos tuvieron lugar en Albania: se destituyó al segundo hombre fuerte del régimen (el ministro de Defensa, Koçi Xoxe, que fue ejecutado acusado de alta traición), se rompieron relaciones con la Yugoslavia de Tito y Hoxha se desvinculó del Kominform tras la elección de Nikita Krushev como nuevo líder soviético.

En el plano interno, Hoxha mantuvo una política de planes quinquenales como en la URSS de Stalin, además de poner a un fiel colaborador llamado Mehmed Shehu al frente del gobierno y de la policía secreta Sigurimi. Hoxha consolidó la forma ideológica de su gobierno, poniendo su efigie al lado de las de Stalin y Lenin. Esto evidenciaba el culto a la personalidad que ya practicaba por entonces la China maoísta, a la que Hoxha se acercó tras romper relaciones con la URSS.

La alianza sino-albanesa se rompió igualmente en 1976, cuando Deng Xiaoping condenó a su predecesor y estableció un nuevo modelo económico, que China ha mantenido hasta el día de hoy. Debido a dicha ruptura, Albania quedó virtualmente aislada del resto del mundo, salvo del régimen de Corea del Norte. Todas sus relaciones con países del Pacto de Varsovia estaban rotas, hasta el punto de que Hoxha condenó abiertamente la Primavera de Praga, sólo con tal de llevarle la contraria a la URSS.

La etapa final de vida de Hoxha se caracteriza por una paranoia extrema: en la frontera de Albania con Montenegro, se construyeron 173.000 búnkeres de emergencia en el caso de invasión extranjera. Las inversiones extranjeras en el país fueron prohibidas en el marco de una nueva Constitución para Albania, impidiendo que “el capital occidental se apoderara de la nación” (en palabras del director del Sigurimi en 1982).

Cabe destacar que el Sigurimi investigó a un tercio de la población albanesa, bajo sospecha de ser “enemigos del gobierno”. Nombraron a un nuevo director de la policía secreta, que fue el último presidente de la Albania hoxhaísta: Ramiz Alia. Hoxha, viejo y enfermo de diabetes, delegó la mayor parte de sus responsabilidades en Alia, que inició un ligero aperturismo económico con tal de suavizar la crisis económica en la que Albania se encontraba sumergida.

Hoxha murió en la capital Tirana, el 11 de abril de 1985, por complicaciones de la diabetes que padecía. Irónicamente, nunca llegó a ver decaer a su amada Albania, que celebró sus primeras elecciones libres en 1990, con las que el régimen comunista albanés fue desapareciendo, al igual que en el resto de los países del Pacto de Varsovia.

En los años posteriores a la desaparición del comunismo en Albania y Europa del Este, se han hecho numerosos estudios y análisis sobre el legado de Enver Hoxha. El relato más fiable y triste lo da el escritor e historiador Bashkim Shehu (1955), que es hijo de Mehmed Shehu, el antiguo director del Sigurimi. Según el autor, cerca de 5000 albaneses fueron ejecutados acusados de “alta traición” y de conspirar contra el gobierno. Los métodos de interrogación del Sigurimi eran parecidos a los que usaban el KGB o la Stasi.

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